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viernes, 10 de agosto de 2018

El nacido del agua

Un nombre muy acertado, sus vastos conocimientos eran un océano profundo en donde cualquiera se podía ahogar si no sabía flotar, su cultura era un río que recorría los más escondidos y maravillosos paisajes, su voz cual rugido imponente de las olas del mar retumbaba en las aulas, en las mentes y en los corazones de sus estudiantes. Preciso y veloz cual estruendosas cascadas, furioso como tormenta en altamar, pero apacible como manantial. A pesar de todo lo que representaba se comportaba como el más humilde de los charcos, se presentaba sin títulos y sin fanfarrias te pedía que lo tutearas.

Una mirada suya de aprobación te daba fuerzas para luchar contra el más feroz dragón, sus consejos te daban paz y motivación. A pesar de ser una eminencia en su área, inspiraba confianza hablar con él, era compartido con su sabiduría y enriquecía tu curiosidad.

Me permitiste aprender muchas cosas, me cobijaste en el abrazo de tu guía y me dejaste trabajar a lado tuyo; pero, sobre todo, me enseñaste a creer en mí y en lo que puedo lograr. Gracias, nacido del agua. Gracias Moisés.


Anj djed imahu Meses-Usir maaherú di anj.
Anj uda seneb.
¡Qué viva eternamente!, venerable Moisés, justificado de voz, dotado de vida
¡Vida, prosperidad y salud!


Diana Zúñiga.
Viernes. 10 de agosto 2018.

martes, 4 de octubre de 2016

Pompas de jabón

Ellos sólo vienen al mundo a una sola cosa; quizá a hacernos felices, a hacernos compañía, o quizá nos llegan porque necesitan exclusivamente de nosotros. Como si los hicieran o escogieran para que embonen con nuestra personalidad. 

Hace poco vi un tráiler de una nueva película sobre un perro que regresó a la vida de mil y un razas distintas con dueños diferentes; hasta que se encontró de nuevo con su "primer niño" lo que me hizo recordar fuertemente a mi pequeña Burbuja; recién falleció en abril y no olvido las veces que mamá le cambió el nombre porque decía que le recordaba a una perrita que habían tenido hace casi ya 20 años. Puede que sea verdad, que de alguna u otra forma su alma regrese a nuestro lado, justo cuando más lo necesitamos; de lo contrario, estamos destinados a esperar que del otro lado del arcoiris nos encontremos de nuevo con ellos.

¿Por qué hablar de la muerte? Es un tema recurrente en mis escritos, y tristemente es el segundo que habla de la muerte de un animal (desgraciadamente no creo que sea el último); este año perdí a mi Burbuja, mi compañera desde hace 10 años, le encantaba escuchar mi voz antes de dormir, la que llevaban cuando me recogían de la primaria, la que subía a despertarme en las mañanas. 
Aquella que aguantó un parto de siete horas para tres cachorritos sin mostrar sobreprotección o agresión, aquella que llevé tantas veces a la facultad y que todos se maravillaban de lo tranquila y sociable que era, aquella que me despertaba con sus ronquidos que se escuchaban hasta mi recámara. 
Aquella que me llenó de felicidad cuando se convirtió en madre; la que me regaló a Mariano...

Sabía que llegaría el día en que no estuvieras conmigo, pero no creí que el vacío se hiciera más grande a diario, sin embargo, también creí que me iría justo detrás de ti, que no lo soportaría, que me volvería completamente loca. Pero sucedió, te fuiste de mi lado, te arrebataron de mis brazos de la forma más fría que nunca vi o sentí, te desvaneciste de un momento a otro, que injusto para mí ¿no? Sé que suena egoísta, pero hubiera querido estar contigo más tiempo, o por lo menos estar preparada. Pero no fue así. Logré salir adelante gracias a ese pequeño pedacito de ti que dejaste conmigo, ha adoptado conductas tuyas; le comienza a gustar el baño, le gusta que le rasquen la barriga con el pie y está aprendiendo a dar besos, él también te extraña.

No me arrepiento de nada, te amé y te lo demostré como nunca lo he hecho con nadie, y lo mejor de todo es que tú lo sabías y jamás te aprovechaste de eso. Sabías que te defendería de quien y de lo que fuera. Transmitías tus emociones mejor que los de mi especie, eras tan capaz de dar y recibir amor que no era posible entender cómo algo tan pequeñito tuviera la habilidad de cambiarle el ánimo a las personas en un segundo. Algún día espero llegar a ser aunque sea un pequeño porcentaje de la excelente madre que fuiste. 

De alguna manera sé que ahora estás bien, corriendo, saltando, junto a tu pequeñita que también perdiste, sé que ahora estás sana, que tu corazón late más sano y más fuerte que nunca, sé que estás bien, con tus patitas rozando el cielo y acariciando las nubes.

Burbuja; la Chihuahueña más tranquila que conocieron los que me rodean, o por lo menos, así la describían. Te extraño y te amo enormemente. 

Te veré del otro lado del arcoiris. 

En memoria de Burbuja (agosto 2005 - abril 2016), Rubí, Nala, Punky y sus nuevos compañeros; Salem, Bageera, Duque, Pochi y Lobito (Agrega el nombre de tu angelito)

Gracias a todos ustedes por venir a rescatarnos de alguna u otra forma. 

"Un niño sin padre o madre se llama 'huérfano', una madre sin hijo no tiene nombre porque no hay manera de describir ese sufrimiento"

Charlie.

jueves, 7 de abril de 2016

Dormir con gatos

La primera vez que dormí con un gato no sabía que esperar, en mi cabeza habían mordiscos, rasguños, ronroneos y tal vez amasamientos...
Pues fue todo eso y mucho más; la paz que transmite el saber que un animal se siente seguro a tu lado, que confía ciegamente en ti, sentir que sincroniza sus sueños con los tuyos y que busque tu calor corporal.
El suave arrullo de un ronroneo que es capaz de absorber las peores pesadillas, sentir el alcolchonado pelaje recargado en tus brazos o muslos; unos pequeños espasmos y de vez en cuando una buena estirada de garritas antes de volver a acurrucarse en su lugar original.
Dóciles ante un abrazo, observas muecas y posiciones graciosas ante un sueño extremadamente profundo, únicamente del adormilado felino, porque me llena de insomio la curiosidad de ver dormir a un gato. 
Sonreír al sentir su pelaje resbalándose entre tus dedos y que no se despierte si acaricias sus suaves patitas; porque sabe qué eres tú.
Para; Anakin, mi Europeo Doméstico Tabby Rayado Crema. 
Te amo, miau;
Charlie

martes, 29 de marzo de 2016

Hoy vi llorar a un niño.

Hoy vi llorar a un niño, vi como la tristeza llenaba su alma y brotaba por sus ojos, la angustia deformaba su sonrisa y la incertidumbre emanaba de su pecho en forma de alaridos. No encontraba a su padre y su abuelo se estaba perdiendo. Los adultos no querían contarle sus secretos; el desesperante "tema de adultos" le estrujaba la garganta. La compasión de la gente le devolvía la mirada llena de curiosidad por cada lágrima que acariciaba sus mejillas.

Hoy vi llorar a un niño y no supe qué decir, quería abrazarlo; decirle que todo estaba bien aunque eso le correspondiera a su madre, quien no dejaba respirar a su corazón por el llanto de su hijo. La humanidad en el alma de los médicos le devolvió una pequeña parte de su felicidad infantil al decirle que podía estar a lado del abuelo. Al salir, los adultos a su alrededor intentaban devolverle el ánimo, que regresaba poco a poco a su rostro.

El pequeñito comenzaba a tranquilizarse, pero seguía alerta a los voceadores del área de urgencias cual conejo pendiente del cazador.

La impaciente sombra se hizo presente ante las llamadas confusas de su madre al teléfono, de nuevo el llanto se apoderó de él. Lo único que le quedaba era esperar lo mejor aún con el miedo de las más terrible de las tragedias imaginadas para un niño de su edad.

Hoy vi a un niño llorar y me quebró el alma.

Charlie 

miércoles, 14 de enero de 2015

Charlie Coaster

No recuerdo qué edad tenía la primera vez que me llevaron a Six Flags, (los días de Reino Aventura me parecen borrosos) sólo recuerdo que tenía la ilusión de poder subirme a una montaña rusa.
Desgraciadamente por mi corta edad y por mi, aún más corta, estatura; sólo logré entrar al Circo de Bugs Bunny y subirme a una especie de "Kilahuea" para niños (creo que aún sigue ahí), una banca de parque con Silvestre sobre ella y en lo alto del juego, un pequeño Piolín con un mazo, esperando a aquel lindo gatito. Y me pareció una grosería, porque no hubo sensación alguna. A decir verdad, no recuerdo en dónde más me subí, pero desde entonces me quedó un deseo insaciable por los juegos mecánicos.

Cuando alcancé la edad para pasar el "You must be this tall", mis idas a Six Flags se convertían en horas y horas de hacer filas que parecían interminables sólo para unos pocos segundos de sentir que el volar es posible, que lo único que te pasa por la cabeza es qué tan fuerte vas a gritar, o qué tantas cosquillas sientes en la panza; todo se te borra de la mente. Ni siquiera piensas en el suelo.

Fui tantas veces que creí que la magia se había ido, ya no sentía cosquillas en la panza, y al bajar; no sentía que mis pies pesaran, lo único que esperaba era que la cámara se hiciera presente para hacerle un par de caras graciosas y verlas en la pantalla. Pero no, la última vez que fui; aunque fue poco; sentí de nuevo como todo el mundo daba vueltas a mi alrededor, en todos los juegos mecánicos; no sólo en las montañas rusas.

Desde que prometieron The Joker no he ido a Six Flags, ni siquiera me pude subir por última vez a la Medusa, extraño la caída del Superman y las vueltas del Batman The Ride, los jalones del Boomerang y la vista desde el Kilahuea, los cruces del Curandero y los aventones del Huracán, lo gracioso que era ver vomitar a la gente bajando del Voodoo cuando nunca fue para tanto, la repulsiva idea de que hay miados en el Splash pero lo único que te importa es que quieres sentir ese madrazo de agua fría mientras atraviesas el puente, la tremenda decepción después de estar casi tres horas formado en The Dark Knight Coaster para que sólo fuera un pequeño paseo (lo siento Six Flags, pero eso sí me pegó), ver como perdías toda la visibilidad en las Tazas y como sentías que te ibas a salir de las Piñas Locas, la foto a lado del Batimóvil, andar persiguiendo a las botargas de Warner Brothers y a la gente disfrazada de personajes de DC, para una linda foto del recuerdo de el día más feliz de tu año (de tu vida no, porque seguramente regresarás); sufrir por los precios de los souvenir y jurar que ahorrarás para tu siguiente visita porque te lo gastaste todo en la entrada y en el Flash Pass, pero sueñas con tus capas de Superman y de Batman, y esperas algún día poseer un anillo que sabes que te hará sentir como miembro honorario de La Liga de la Justicia.

Sí, tal vez sea lo más ñoño y lo más irracional que he escrito hasta ahora, pero así como me apasiona la lectura, la escritura y el crochet; me apasionan las montañas rusas; sabía que me gustaban mucho, pero no tenía idea de cuánto; hasta hoy que vi el vídeo de una próxima montaña rusa en Orlando.
Antes de que el vídeo terminara sentí la sonrisa en mi rostro; juraría que también sentí mis pupilas dilatadas, una sensación en mi estómago como si en verdad estuviera ahí... y surgió un deseo, poder decir que logré subirme a TODAS las montañas rusas del mundo. 

        


Gracias Itzel,

Charlie.

viernes, 9 de enero de 2015

Médicos. Veterinarios.

Me dirijo a ustedes como estudiante de Medicina Veterinaria y Zootecnia.

Qué saben los veterinarios que los médicos no. 

El título del vídeo no es para menospreciar a los médicos de humanos ni mucho menos para enaltecer a los médicos veterinarios. Tal vez suene algo cursi imaginar un campo laboral donde ambos profesionistas dejen a un lado sus diferencias y trabajen mano a mano haciendo lo que mejor saben hacer; ser Médicos, pero esta Cardióloga está haciendo eso exactamente.

Hace algunos meses me metí en algo que no me importa (qué raro), una plática entre un eMVZ y un estudiante de medicina humana (no sé si tengan un acrónimo para eso), el cual se estaba comportando de la manera más arrogante, engreída, narcisista y asquerosa que hasta esa fecha no había visto; dando toda clase de comentarios ofensivos hacia mi futura profesión; no pude hacer más que defenderla de la manera más elegante que encontré; y para aquellos que me conocen, no, no le menté la madre; simplemente le resumí lo que significa ser un Veterinario. Porque encima de todo, me dio la impresión de que era un estudiante de nuevo ingreso y ya se sentía con los suficientes pantalones como para agredir a los eMVZ y MVZ en general; OJO, nadie, ni médico ni veterinario ni civil nunca tendrá los pantalones para menospreciar ninguna profesión. Si mal no recuerdo, también habló mal de los dentistas y creo que hasta de los psicólogos. El tipo tenía aires de grandeza que no le correspondían; y tenía que bajarlo de su nube, y como era de esperarse, le cerré la boca.

No me parece justo que nuestro trabajo sea menospreciado; sé que no es el único; que si los abogados son unas ratas, que si TODOS los de FyL son unos marihuanos guerrilleros, que si los presidentes... OK, ese está justificado. Pero cada profesión merece ser reconocida por el tiempo que se le invierte y por los conocimientos que se adquieren como consecuencia de ello. El que un Comunicólogo no te entienda a ti, Perito, no significa que sea un idiota, si le pides que te explique algo de su trabajo, seguramente te sentirás como un completo imbécil, lo mismo si tú, Ingeniero, te enfrentas con el pesado día de tu primo Psicólogo...

En fin, regresando a Área 2, si nosotros nos acercamos a los médicos de humanos pidiendo apoyo para nuestros casos, ¿por qué ellos no hacen lo mismo? Digo, tenemos TODAS nuestras vacunas en regla.

eMVZ,
DZ.


viernes, 30 de mayo de 2014

Yo lo hice. Pero no fui yo.

—Técnicamente, el acusado no tuvo nada que ver— excusó la forense frente al juzgado— la víctima ya tenía problemas del corazón.
—Es obvio que el acusado lo sabía, siendo que era su hermana y que su padre había muerto de un paro cardíaco— Interrumpió la parte demandante— la enfermedad no justifica nada, ¿o sí?— se dirigió al jurado.
—Lo justifica todo, señor— replicó la forense. 
—Explíquese.
—Con mucho gusto su señoría, considerando la condición de la "víctima" y su edad, se le dio más importancia al corazón durante la autopsia, los resultados apuntan a una muerta súbita a causa del estrés.—¿Podría explicarle al jurado como se relaciona eso a los problemas del corazón que ya habías sido previamente diagnosticados en el cadáver? 
—Por supuesto, el estrés se compone de tres etapas y cada una tiene un impacto terrible en las personas con esta misma patología. la primera de ellas es la que se conoce como estrés agudo, en dónde se activa nuestro sistema nervioso simpático, lo que se traduce en liberación de catecolaminas, como la adrenalina y la noradrenalina, las cuales a su vez generan una taquicardia soportable para una persona sana. Sin embargo, ¿cómo creen ustedes, honorable jurado, que reaccionaría una mujer de 50 años con problemas del corazón a una taquicardia repentina? Suelen asustarse y preocuparse aún más, lo que empeora la situación. Continuando con esta primera etapa, ésta es la cual nos prepara para huir o pelear, por lo tanto la sangre pone más atención a la oxigenación de los músculos, dejando a nuestro cerebro a un lado.—¿Está sugiriendo que pudo existir una falla cerebral?— Interrumpió pedantemente el abogado demandante.—Es muy probable, ya que no existía una buena irrigación. Regresando y continuando con la segunda etapa, conocida como "Adaptación" o "Resistencia"; tiene que ver con la habituación del individuo ante una situación de estrés extremo. Las catecolaminas liberadas pueden destrozar las fibras de miocitos conductores del músculo cardíaco, lo que nos puede llevar a una fibrilación. Esto nos colocaría en la tercera etapa; "Agotamiento", que es en donde lamentablemente cayó la susodicha víctima. —Su diagnóstico final, entonces es ¿que murió del susto? —Miocardiopatía por Estrés me parece más elegante.—No más preguntas su señoría. Llamo al estrado al acusado, Frederick Kimble.

Nadie en esa sala había notado el hecho de que el Sr. Kimble había estado sudando durante todo el interrogatorio, tenía las pupilas dilatadas y la boca seca. Se levantó, caminó al estrado, temblando y sin poder hablar. Logró sentarse, le acercaron la Biblia.
—Jura usted decir la verdad, ¿y nada más que la verdad?

—Yo... yo no... no la maté—. Fue lo único que alcanzó a decir antes de caerle encima al clérigo.

jueves, 15 de mayo de 2014

Maestros

Te quitan el sueño para que le pongas atención a tus metas. Cuelgan tus errores en una repisa para que haya espacio para tus logros en un vitral. Te siembran una duda, para dispersar tu inseguridad. Cuidan con recelo sus conocimientos para compartirte su experiencia. No te dicen qué hacer porque ya te enseñaron que es lo que NO debes de hacer predicándote con el ejemplo.
                                                                         
Para ser maestro se necesitan ganas, actitud, conocimientos y sobre todo vocación.

Nunca voy a olvidar a esas maestras del kínder que me dedicaron su tiempo para enseñarme lo más valioso que he aprendido y a los que les estoy eternamente agradecida por haberme enseñado a leer y escribir.

Gracias a mi maestra de segundo de secundaria por dejarme esa tarea de leer El Retrato de Dorian Gray y hacer un comentario de cada capítulo; porque ella despertó en mí ese amor por la lectura y ese afán por escribir.

A mi maestra de Danza Árabe que con tanta paciencia y con ayuda del baile me cambió de actitud y todo para mejorar; gracias Erika por transmitirme tu pasión por la danza. Nunca he olvidado ninguna de tus enseñanzas.

A mis maestros de inglés y alemán que me dieron una herramienta importantísima para superarme como persona. Mil gracias por enseñarme lo hermoso que son los idiomas.

A mi maestra de griego en CCH, por hacerme ver el otro lado de la mitología y amarlo profundamente. Porque por ella conocí a Margaret George con sus benditas novelas.

Gracias a todos los maestros que han sido parte de mi formación y aquellos que siguen en ella, por ustedes puedo decir que las ganas de estudiar y seguir adelante no se van a ir.


¡Feliz día del maestro! 

sábado, 8 de marzo de 2014

Claustroquinetofobia.

Era la única manera de llegar a tiempo a casa, ni si quiera vi su cara, no sé porque no me defendí, ni por qué no la defendí a ella. De cualquier forma, ya estaba a punto de subir. Hablé con papá, insistió que debía esperar a que él fuera por mí, pero estaba muy asustado. Sólo quería llegar a casa sin importar cómo.

Subí, no había mucha gente, sin embargo, eran suficientes para mantenerme incómodo.

Todo empezó  justo como esperaba, ¿el primer paso? Hiperventilar. Intenté calmarme, y no lo logré. Sólo me alteré más, comencé a temblar sin control. No podía ni sostener mi celular (lo único que no me habían arrebatado) entre mis manos. Los temblores persistían, sentía cada una de las miradas, casi podía leerles la mente a todos: ¿Qué le habrá pasado? ¿Por qué actúa así?... Ni siquiera yo lo sabía. O mejor dicho, no podía aceptarlo.

Seguí temblando, sentía como poco a poco se me iba el color del rostro. Miradas acechándome, yo tratando de esquivarlas. No se apartaban de mí ¡Dios! ¿Por qué tenía que ser tan cobarde y tan imbécil? Cualquier otro se hubiera atrevido sin pensarlo.

El temblor se detuvo en mis manos, continuó en mis piernas. El ruido era inevitable. Cerré muy fuerte los ojos. Sentía el temblor en mi boca. Intentaba detener mis piernas con ambas manos. Pero no cedían.

Respiré profundo, apoyé mi cara en mis manos, y mis codos en mis piernas. Hubiera sido relajante si aquel armatoste no se hubiera movido. El transporte se vaciaba. Temblores por todos lados. Sonó mi teléfono, abrí los ojos, no pude contestar. Lo tiré. Bajé la cabeza. Un hombre que iba a lado mío lo recogió del piso y estiró su brazo. Lo imité. Pero sin subir la mirada. Le di las gracias mientras intentaba sacar el dinero exacto para el pasaje.

Saqué un billete, se lo di al chofer y esperé el cambio. Le dije que prefería bajarme en ese punto, justo dónde me esperaría papá. El chofer frenó, abrió la puerta y bajé prácticamente expulsado. Me arañaba el cabello con afán de arrancármelo mientras intentaba no llorar, papá me gritó; estaba con mamá afuera del coche.
Corrió hacia a mí, me abrazó. Lloró conmigo. Le pedí perdón.



No pude salvarla. 

lunes, 14 de octubre de 2013

Por hocicona.

Si me arrancara la lengua.

Si me arrancara la lengua, tendría menos problemas.
Si me arrancara la lengua, me preocuparía más por lo que necesito y no por lo que quiero.
Si me arrancara la lengua, ya no comería; y no tendría que vomitar.
Ya no tendría que reclamarme nada.
Ya no le gritaría al espejo que se ve como un puerco con un suéter de un poddle.
No humillaría a nadie, no me estaría desquitando de mis compañeros de la primaria.
No necesitaría sentirme más que todos, aunque por dentro sé que no soy nadie; que sólo soy una chica con problemas mentales que no sabe cómo superarlos, pero que tampoco quiere ayuda.
Si me arrancara la lengua, no diría malas palabras, no mentiría y pecaría menos.
No sería tan soberbia, mis tonos de voz serían lo de menos.
No tendría de que avergonzarme.
 No diría cosas de las que después me arrepienta.
Leería más.
No me defendería, puesto que no tendría armas.
Tal vez tampoco escucharía; no tendría caso.
Quizá no sabría lo que es el rencor.
Sería menos impulsiva.
No hubiera recibido esa cachetada de mamá.
Todo sería más fácil si me arrancara la lengua.



La joven de 16 años yacía bocarriba con la boca ensangrentada, al pie de la estufa, había un cuchillo carmesí de su lado derecho. Su cabeza colgaba, sus ojos llorosos miraban al piso y sus frías, pálidas y manchadas manos tocaban sus labios, una de ellas traía un sobre y del lado del remitente sólo decía: POR HOCICONA.

miércoles, 17 de julio de 2013

#CerremosMaskotaMexico

Estás tres palabras prácticamente le han dado la vuelta al mundo. El día 10 de julio me puse a revisar la página DenunciaMaskota (página encargada del “movimiento”) donde se encuentran publicados testimonios de gente que por tenerle lástima a algunos animales “huéspedes” de +Kota, los había adquirido ahí y que llegando a casa morían en las peores condiciones, fotos de chiquitines rescatados de las calles o adoptados, gente publicando fotos sobre las condiciones en las que tiendas +Kota tienen a sus animales, y unas cuantas más sobre algunos establecimientos de Guadalajara clausurados debido a tantas denuncias virtuales. Éstas últimas fueron las que me motivaron a dar una opinión al respecto; según la información de las fotos que muestran estas sucursales, mencionan que varias de las tiendas se cerraron con todo y animales dentro. Vi un comentario que llamó mi atención sobre quién se iba a encargar de alimentar  tantas bocas si el lugar permanecía clausurado (parafraseando) y bueno, la chica está en lo correcto.

No me considero animalista ni mucho menos vegetariana, pero les tengo amor a los animales y les guardo un respeto por haber vivido en esta tierra durante más tiempo que nosotros. No están aquí de adorno.

Ahora, mi punto de vista es el siguiente; empezaré con una pregunta: ¿Qué esperan realmente con la clausura de estos sucursales? ¿Reducir el maltrato animal? Ok, se las compro. Ayudaría muchísimo a que estás tiendas sólo se dedicaran a vender comida, juguetes interactivos y curiosidades para nuestros compañeros. Sin embargo, al cerrar estas tiendas están condenando a perros, gatos, ratones, hámsters, cuyos, aves, peces, patos; etc., a una muerte segura ¿qué creen que pasará con animales que no serán alimentados ni limpiados en tanto tiempo? ¿Llevarlos a un albergue? Por lo que he leído en varias páginas, los albergues están prácticamente hasta el cuello de rescates, el espacio se les agota. Lo que queda es sacrificarlos. Que de hecho es mucho mejor que mantenerlos ahí, o que siguieran en venta.

¿Cuántos de ustedes estarían dispuestos a recibir a un animal en esas condiciones? Considerando el riesgo a que sus demás compañeros o ustedes se pudieran contagiar de alguna enfermedad que el animal en cuestión obviamente trae dentro de sí. Adoptar un animal enfermo es peor que heredar una deuda. Yo sé que muchos de ustedes levantarán la mano y ofrecerán su casa y si tienen los recursos podrán sobrellevarlo; pero si no son suficientes, sólo ayudarán al chiquitín a bien morir y sí, también es aceptable. 


Como ya dije, sé que hay gente dispuesta a aceptarlos a cuidarlos y hasta curarlos. Y es precioso que tengan esa voluntad y esa iniciativa, pero no estamos hablando de cinco tiendas +Kota, según su página de internet; cuentan con más de 100 sucursales en todo el país, 100 sucursales en donde se encuentran (en cada una) cerca de diez especies y quién sabe cuántos ejemplares de cada una. Si se pudiera rescatar a un 0.5% de estos considerando que fueran sólo perros, gatos y conejos (que creo yo, es lo que más se vende) sería mucho. Pero como ya mencioné, es un riesgo que no todos están dispuestos a correr.

Otro detalle que quisiera mencionar es el famoso “No compres, adopta” y estoy de acuerdo. Sucede que la mayoría de los albergues existen para rescatar perros de las calles y es una labor admirable, pero hace poco encontré un artículo en que se menciona que una ex-líder de PETA había renunciado a su cargo porque se dio cuenta que rescatar perros de la calle es contraproducente.. 
Siguiendo con la política de los albergues, tengo el testimonio de una persona que buscó adoptar un perro hace cerca de dos años y preguntó en miles de albergues y ninguno le confirmaba el compañero que esta persona quería adoptar. Según su testimonio le pedían varios requisitos entre ellos: una casa grande muy segura, que el perro estuviera dentro de casa o en su defecto; si contaba con un patio que su zaguán no tuviera ranuras, paredes altas, que no tuviera terraza, fotos de ella y de su familia para ver con quiénes iba a convivir el chiquitín, y que iban a estarla visitando de vez en cuando para ver que el animalito estuviera en buenas condiciones, otros albergues optaban por pedir dos veces al año; una video llamada para ver al perro, y que si cumplía con todos estos requisitos y era apta para adoptar un perro; tenía que hacer un pago de $500 para cubrir con los gastos que hacía el albergue sobre vacunas y esterilización. Me dio una opinión (errada para mi gusto; pero me omito mis comentarios):

"Es más fácil comprar, porque aparte de que escoges perro a tu gusto, tú decides si los dejas tener camada. No que todos esos  te los dan esterilizados y los puedes comprar desde cachorros, no que al adoptar son adultos la mayoría".

Los requisitos son comprensible, los chiquitines que están dentro de los albergues sufrieron maltrato físico, se escaparon o fueron abandonados por falta de espacio o dinero y las personadas encargadas de tan difícil labor buscan evitar que eso vuelva a suceder, además de que cada determinado tiempo (según le notificaron) iban a ir a supervisar que el animalito se encontrara en excelentes condiciones y hablando con esta persona me dijo que no le parecía correcto, puesto que ella estaría sintiendo que está cuidando al perro de otro, y sí; optó por comprar uno. Una opinión personal, es que un grupo contable de este tipo de personas, opina que: “Un amigo no se compra”, bueno, si un amigo no se compra tampoco se tendría que condicionar.

Se está logrando que se empiecen a clausurar los establecimientos sin embargo, no creo que lo que se busque sea que los animales que permanezcan ahí dentro sean llevados a una muerte segura y tratar de mejorar las condiciones en las que viven dentro de estas tiendas del horror podría ser una solución; el inconveniente es el tiempo que tardaría esta iniciativa. Querer llevar a estos animales a un albergue es contraproducente. Y erradicar por completo la venta de animales es prácticamente imposible.

Cerrar las tiendas +KOTA me parece una solución prudente, sacrificar a los animales es teóricamente factible, si se usa el método adecuado. Puede que exista gente que no encuentra otro lugar en donde comprar el alimento para su compañero, y entonces se está dejando a una persona sin recursos. El hecho de que sea prudente no quiere decir que sea factible.

lunes, 15 de julio de 2013

La realidad se llama Verónica.

Hace una semana sonó el teléfono, contesté y era Verónica; mi amiga de la infancia. Ofreciéndome una salida a cenar. Era obvio que no quería cenar, llevaba casi tres días ayunando y no lo iba  echar a perder.
—Ay, Vero; llamaste muy tarde. Ya cené.
—Por eso no te preocupes; mañana paso por ti temprano y desayunamos.
—Pero…
—Nos vemos Jess.
Verónica colgó tan rápido que no me dio tiempo ni de excusarme. Estaba preocupada ¿Qué haría mañana? ¿Mentirle de nuevo? Seguramente comenzaría a sospechar.

Me estuve preparando mentalmente para ese día; ¿a dónde me iba a llevar?, ¿cuáles serían mis excusas?, ¿recurriría al vómito? Algo se me iba a ocurrir. Siempre se me ocurre algo. No soy idiota.

Las pocas horas que pude dormir, dormí tranquila. Desperté con la pregunta de todos los días ¿Podré soportar estar todo el día sin comer?

A las 9:00 sonó el teléfono. Era Verónica, otra vez. Diciéndome que a las 12:00 pasaba por mí. Ni siquiera tenía ganas de arreglarme; pero no tuve opción. Me tardé más de lo normal. Eran dos horas para buscar entre toda mi ropa; alguna que me tapara los huesos pero que al mismo tiempo me hiciera sentir menos gorda.

Sonó el timbre, terminé de rizarme las pestañas, tomé mi bolso y abrí.
— ¿Lista?
—No realmente, yo tenía…
—Anda, vamos; hice una reservación.

Verónica habló muchísimo durante el camino. No entendí mucho, sólo asentía con la cabeza y sonreía para parecer interesada; en mi mente buscaba excusas y soluciones para evitar engordar. Llegó el asqueroso momento. Nos dieron nuestra mesa y el vomitivo menú, Verónica lo leía y lo volvía a leer. Estaba indecisa. Yo ni siquiera lo leí, tuve suficiente con ver las fotos.

— ¿Les puedo tomar su orden?— dijo la camarera.
—Sí, quisiera ordenar…— Me hice la sorda, no quería vomitar antes de tiempo.
— ¿Y para usted? — giró su rostro hacía a mí sin quitar la vista de su pequeña libreta en donde anotaba la orden. Ni siquiera quiero recordar que fue lo que pedí. La chica se dio la media vuelta y se fue.
— ¿Estás segura?— preguntó sorprendida.
— ¿Cómo que si estoy segura?— repelé, haciéndome la desentendida.
—Me refiero a que; es muy poca comida.—Contestó preocupada.
—Y yo pienso que es mucha —susurré.
— ¡¿Qué?!— se exaltó.
—Nada.—fingí.
— ¡No!, sí dijiste algo ¿Por qué dices que es mucha?—Volvió a preguntar en tono insistente.
— ¿Por qué TÚ dices que es poca?—Contesté fastidiada.
—Pareciera que no quieres comer ¿Qué te sucede? ¿Estás enferma?—comenzaba a alterarme los nervios.
—No.—Negué de inmediato.
— ¿Estuviste enferma?
— ¿Enferma de qué?
—Ya sabes, bulimia, anorexia; alguna de esas cosas.
— ¿De qué hablas? —aparentaba sentirme ofendida.
— ¿Cómo que de qué hablo? Cuando éramos niñas comías más que mi papá y ahora no quieres ni ver el menú, ¿estás segura de que nunca te dio nada?
—Nunca fui al médico. No estoy diagnosticada. Así que no.
—Pero lo has hecho, has vomit…
— ¡Pues sí! Sí he vomitado y sí, estoy enferma.
— ¡Jess!
— ¡¿Jess qué?! Querías saber qué pasa conmigo, ¿o no? Pues te diré qué pasa, odio mi cuerpo, me odio a mí misma, odio sentirme gorda, odio ver gente delgada comer, odio tener que vomitar porque no aguanté el ayuno, odio subirme a la báscula y darme cuenta que nunca es suficiente. Amo sentir mis huesos, amo el reflejo de mis clavículas en el espejo. Amo poder terminar un día y poder decir: “No comí nada”, amo decirle que no al desayuno, amo sentir todas y cada una de mis costillas, amo el hecho de que mis piernas no rocen entre sí mientras camino, amo ver un gramo menos en la báscula y ODIO que me traigan a restaurantes tan asquerosos como este.


Verónica y todos los comensales estaban atónitos, llamaron a seguridad. Me tomaron por los brazos. Verónica los detuvo y dijo que ella se encargaría de mí. Y así fue como llegué aquí, para mi mala suerte, Verónica se convirtió en directora de este centro de rehabilitación hace un par de años; llamó a mis padres y arregló todo para que esto no les costara ni un centavo. De haberlo sabido jamás habría hecho esa escena. Pero lo negué por mucho tiempo, tenía que enfrentarme a la realidad. Tenía que enfrentarme a Verónica. 

miércoles, 15 de mayo de 2013

El día que me enamoré de un hombre de traje.


Fue hace dos años, nunca lo vi usando un traje; pero yo sabía que de vez en cuando se ponía uno. Decía que le gustaba el azul, supongo que su traje era de ese color. Me llevaba unos ocho o nueve años; nunca supe exactamente cuántos.
Su mirada era profunda, su sonrisa hermosa y su cabello muchas veces, se veía mejor que el mío. Le confesé lo mucho que me gustaba pero él siempre lo tomaba como broma. Creía que estaba jugando. Yo sospechaba que él se sentía igual. Y no me equivoqué.

Hace poco, cuando el hombre de traje me confesó todo, ninguno de los dos sabíamos qué hacer. Me tenía entre sus brazos, no me dejaba ir. Yo no quería irme. Nos besamos. Él insistía con que mi pupila se había dilatado; yo no pude distinguir la suya. Me decía que quería estar conmigo. Esbozó un “pero”, su trabajo, sí, su trabajo. No quería que nos viéramos de vez en cuando. La solución era que me fuera a vivir con él. Pero hubiera dado lo mismo, eso no lo abstenía de sus deberes. Quedamos en un acuerdo; en respetar nuestros espacios y aguantar el tiempo que fuera necesario. Perdí la cuenta de las veces que me miró a los ojos y me besó.

Días después fue a buscarme; pero ahora era yo la que tenía cosas que hacer. Lo entendió, según me dijo. Regresó un día más, se molestó. Me tenía confundida, un acuerdo tuvimos. Lo ignoró. Los hombres de traje siempre tienen mejores cosas en que pensar. Él, mi hombre de traje. Me decepcionó, no lo suficiente para odiarlo, pero lo suficiente para pedirle que se fuera. Tanto tiempo deseando sus labios, para que al final su propio cariño por mí, me alejara de su lado.

He estado pensando en ti, sí tú, mi hombre de traje. Fuimos buenos amigos; me gustaría decir que aún lo somos. Pero es difícil asegurarlo cuando hace tiempo que no hablamos.

viernes, 15 de marzo de 2013

Diarios Anónimos


No podía creer que por fin la tenía en mis manos, haciéndola mía; después de tantos meses de observarla de lejos, de aprenderme su rutina. Una más a la lista; Nicole. La pequeña y frágil Nikky. Tenía los ojos de Mónica, las cejas de Jessica; los pechos de Camila y la cintura de Elizabeth. Era el conjunto perfecto de mis cuatro mejores chicas y sus gritos; sus gritos eran como los de una quinta; Ana, la más joven de todas; mi primer amor.

A todas las he amado. Ir de ciudad en ciudad sólo para encontrarme con una más hermosa que la anterior. Conocerlas, estudiarlas, analizarlas, seguirlas, distraerlas, enamorarlas, hacerles el amor, flagelarlas, desmembrarlas, dormir sobre ellas, quemar sus restos y guardar las cenizas. Todas eras vírgenes y yo fui su primer y único amor.

Nikky fue la más difícil de todas, era muy versátil y su rutina no siempre era la misma; además se cambió de casa. Poco más de un año fue lo que me tardé en aprenderme sus horarios. En conocer a sus amistades, en hacer el plan para encontrarme “casualmente” con ella; y todo para que cayera. Fue la única que no tuve que drogar. Salimos durante siete meses. Un año y siete meses de trabajo para mí, como dije; fue la más difícil.

El día que cumplimos esos siete meses le regalé un par de pendientes de oro blanco. Combinaban perfectamente con su piel, y con el olor de su sangre. La invité a cenar, me aseguró que estaba lista para mí; la llevé a mi apartamento y la abracé cómo el más caballero de los príncipes.

— ¿Segura que estás lista? —le susurré al oído.
—Sí —esbozó una sonrisa y comenzó a besarme.
«Extrañaré tus labios» pensé.
Por fin la tenía entre mis brazos, procuraría ser lo más tierno y delicado posible. Se debe valorar lo que te ganas con el sudor de tu frente.

Mis manos estaban sobre su pálida cintura y comenzaron a subir su blusa; ella me despojó de mi camisa botón por botón; la tomé de nuevo por la cintura y la acerqué a mí al mismo tiempo que ella aspiraba un poco de placer al sentir mi piel contra la suya. La volví a besar y añadí caricias sobre su espalda. Como siempre, el sostén me lo impedía. Me fingí inexperto y quité el broche con ambas manos, quiénes subieron por su espalda hasta sus hombros, bajaron cuidadosamente los tirantes hasta sus muñecas; «Camila» fue lo primero que me vino a la mente cuando vi sus pechos por primera vez; su pequeña prenda tocó el suelo.

Acaricié sus manos; recorrí de nuevo sus brazos para regresar a sus pechos. Su piel respondía al roce de mis yemas. Su boca temblaba sobre la mía cada que la tocaba. Y sus labios emitían un pequeño suspiro por caricia. La fui encaminando hacia mi cama mientras nos desabrochábamos el pantalón. Me deshice del suyo en el momento en que su espalda hizo contacto con mis sábanas. La ayudé un poco y me desprendí del mío. Ataqué su cuello y sus suspiros se tornaron en gemidos. Le acaricié ambos pechos, después sólo uno, mientras besaba el otro; seguía gimiendo. Me excitaba tanto como Ana. Bajé mis manos por su cintura, hacia su cadera; le quité las bragas.

— ¿Estás lista? —le pregunté acelerado, ella se limitó a asentir con la cabeza; se sentó y arrancó mi ropa interior. Me besó, la inercia me llevó a recostarme sobre ella. Mi miembro rozó sus genitales y al contacto ella abrió las piernas. ¿Qué si fui cuidadoso? Vaya que lo fui, el más perfecto caballero. Nikky lo merecía, Nikky era especial. Sus gemidos cesaron para darle lugar a los gritos cuando empecé a penetrarla por vez primera; era obvio que doliera. A todas les dolía. Hubo un grito de confirmación, un click en mi glande y unas gotas de sangre; el himen se había roto; era hora de buscar algo más. Ella comenzaba a arquearse para sentirme aún más profundo y me obligaba a erguirme un poco. Llegó la oportunidad. Me erguí lo suficiente para estirar mi brazo y sacar el cuchillo que había entre el colchón y la base de la cama. Quise esperar un último grito para mi memoria, una última lubricación para una última embestida, pero ella comenzó a pedirme más y ya no me pude esperar.

Miré detenidamente su rostro; quería recordarla. Era perfecta. Ahora es mía. Dejé de embestirla un momento, “me salí”; con el riesgo de que notara el cuchillo, pero no me importó. Me acosté a su lado y le susurré al oído — Te amo—. Sus ojos seguían cerrados, su respiración acelerada. Acerqué el cuchillo a su hombro y el filo la acarició. La sangre comenzó a brotar, estaba tan excitada, que ni siquiera lo sintió, por lo menos no hasta que el filo tocó el hueso. Volteó a verme aterrada. Gritó. Pero era tarde, su brazo era mío. Puso resistencia. No pudo. Volví a hablarle.

—Sh, sh, sh. Tranquila preciosa. Necesito que te quedes quieta. No me gustaría herirte de más. Jamás te haría daño. Pero es probable que tú a mí sí. Y es por eso que nunca serás de otro—. La acaricié.

La pobre Nikky no podía hablar, estaba muy asustada. Quedó en shock. Deslicé el cuchillo por su cintura hasta su ingle e incidí. No recuerdo en que momento dejó de gritar. Tomé su muñeca en mi mano izquierda, para evitar que huyera. No hubiera podido sostenerse en pie, mi deber era cuidarla. El filo seguía haciendo lo suyo. Nikky se rindió, pero aún no se iba.

—No quiero que te siga doliendo. Sí, sí; ya sé que no te quejas. Pero no puedes soportar todo eso por mí. Calmaré un poco tu dolor—. Decidí que no quería que Nikky muriera pensando mal de mí. La volví a penetrar una y otra vez. Hasta que se fatigó. Le faltó oxígeno y cerró los ojos de Mónica. La besé y terminé por arrancarle los miembros.
Estaba fatigado, no puso mucha resistencia, pero las articulaciones siempre costaban más trabajo. Como ya era costumbre, me quedé dormido sobre su torso, dentro de un ambiente rojo y aún tibio.

Me despertó el olor a sangre seca. Abrí los ojos y ahí estaban los pedacitos de mi Nikky. Los miré con la misma ternura con la que la vi por primera vez. Era como si las partecitas de mis otras chicas hubieran decidido unirse y formar una muñequita de porcelana. Besé su frente. Fría.

Faltaba poco para medio día. Limpié el cuchillo como de costumbre, ya no recordaba cuántos químicos tenía el filo ni cuántos diferentes tipos de sangre había probado. Limpié a Nikky y la guardé en una bolsa negra. Guardé las sábanas en otra. Limpié el cuarto.

El problema de ese lugar era que no había lugares tan accesibles para quemar la evidencia. Le hice como pude. Tomé la bolsa de las sábanas, tomé a Nikky. Fui discreto. Subí ambas bolsas a mi camioneta, subí mis herramientas y todas mis cosas; conduje sin alguna dirección en específico. Era hora de mudarse de nuevo. Llegamos a una especie de desierto. Por lo menos no había gente. Coloqué la plataforma de siempre, la que usaba al final. Coloqué las sábanas. Las bañé en gasolina. Prendí un cerillo y lo aventé. Nunca había percibido el olor de la sangre de esa manera. Nikky me cautivaba de todas las maneras posibles. Cómo dije, Nikky era especial. Enterré las cenizas. Eso fue  nuevo; generalmente las aspiraba, las tiraba a la basura o las esparcía en el viento. Limpié la plataforma. Era el turno de Nikky, di un último vistazo, con la esperanza de que nadie se apareciera. Así fue. Saqué uno a uno los miembros de Nikky. Su torso costó un poco de trabajo. La cabeza siempre pesa más. Repetí el rito de la gasolina, no sin antes besar a Nikky por última vez, que escuchara un — Te amo— cómo mi despedida. Una lágrima recorrió mi rostro. Lancé el cerillo.

Nikky se consumió muy rápido, quizá usé más gasolina de lo acostumbrado, cayeron sus cenizas. Fui por la caja que le mandé a hacer, traía grabado un “Nicole” en letras cursivas. Guardé sus restos. La cerré con llave. La abracé y me subí de nuevo a mi camioneta en busca de alguien que se le pareciera aunque fuera un poco.


miércoles, 28 de noviembre de 2012

Querida mía.


3 de noviembre. 2012.


Alguna vez te escribí una carta y funcionó. Y espero que no sea ésta la excepción. Yo no sé cómo lo veas tú, pero las cosas que yo hago, mis gustos, mi manera de ser, son parte de lo que soy. No creo tener la influencia de nadie, y es que a pesar de que no hay una tercera persona detrás de lo que soy. La culpa tampoco es mía; yo no tengo la culpa de que me guste el negro. Yo no tengo la culpa si me gusta el rock y los chicos rudos. La culpa no es mía si me gustan los gatos negros. No es mi culpa que me gusten los murciélagos. Mi único vicio son los libros, la historia y el enigma. La magia, el misterio y un poco de fantasía. La tarea es mi desvelo, y nunca es tarde cuando a casa llego. Me gustan las pinturas, el arte y hago de todo para contigo no pelearme.
Yo no sé que de malo le ves a todo eso, pero con cada anhelo mío, viene una razón única de porque no debo de hacer/comprar/decir. Trato de obedecerte, pero entre más te obedezco, con más obstáculos me encuentro. A veces siento que no soy lo que esperabas, que tú quisieras que a tu manera yo pensara. Pero no podemos coincidir en todo querida mía y no es porque yo quiera, alguien decidió que todos tuviéramos algo que nos distinguiera de los demás y creo que así es conmigo; sé que tal vez te educaron de diferente manera, pero reprimida me tienes. Llego a temer mostrarte lo que he creado, lo que he escrito, por miedo a que te parezca malo, vulgar o blasfemo, o peor aún, que pienses que todo lo que escribo es porque es lo que vivo. El arte es expresarse por medio de la imaginación, y va desde escribir, hasta pensar en cómo hacer el siguiente corte de cabello. Sólo quiero que entiendas eso, no te pido que me permitas todo, porque sé que no eres así. Quita ya tus miradas de desaprobación, me hacen sentir que merecida no te tengo y que tú necesitas algo mejor. Te amo demasiado y quiero hacerte feliz. Yo no pedí ser como soy, querida; la culpa no ha sido mía.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Tus últimos párrafos...


La verdad no recuerdo cómo ni cuándo fue la primera vez que cruzamos miradas, hubiera dado lo mismo; podría decirse que estabas prohibido. Y así era, no te veía ni cómo un quizá, simplemente estabas ahí. La situación cambió y te diste a la tarea de llamar mi atención; la obtuviste de inmediato. Te acercaste mucho, te acercaste demasiado. Ojalá nunca lo hubieras hecho, pero gracias. Gracias por ese hueco primer beso que pareció más deseado que soñado, gracias porque desde ese momento sentí que las cosas no iban a estar bien, pero no me importó. No voy a mentirte, sonreía más cuando estaba contigo; sí, creía estar enamorada. Dejé, cambié y evité muchas cosas por ti, no me arrepiento; pero tampoco me siento orgullosa. Alejé mi futuro, peleé con mi sangre; me olvidé hasta de mí. Gracias, gracias porque volteaste mi mirada a cosas que realmente importan. No me enseñaste a amar, pero me enseñaste a nunca forzar las cosas por insignificante que pareciera. Me enseñaste a dudar de cualquier cosa que saliera de tu boca; incluyendo tus besos. Me regresaste ese instinto de desconfiar de los demás, ese desprecio hacia los de tu género, ese resentimiento a las emociones. No los acepté. Simplemente me volví indiferente, ignoré tus intenciones como nunca hice antes. Antes de saber quién eras, antes de que te quedaras callado.
No sé si es para enorgullecerse, pero no recuerdo mucho de lo bonito que hubo entre nosotros, rara vez vuelven a mi memoria aquellos días. Y rara vez los recuerdo con exactitud. Algo pasa conmigo y no sé qué es, a pesar de que te volviste un par de ayeres borrosos, y recuerdos no gratos, sigues presente; a veces en mis sueños, a veces en mi ropa. Quizá deba cambiar mi librero, o reemplazar a Romeo (sí, el pequeño azul, es el único al que puedo ver aún a los ojos, el único que conservo y sí, le cambié el nombre), ya no me pongo esa blusa de cumpleaños que compraste; ya no puedo ni siquiera sostenerla entre mis brazos. Quizá me hace falta verte de nuevo, tal vez, aquella última ocasión no te dije lo suficiente y no, no quiero insultarte ni armarte ningún tipo de escena ridícula. Creo que lo único que necesitaría sería escuchar esa verdad que tanto disfrazaste desde siempre. Pero no, no sé qué haría si te tuviera otra vez en frente, no quiero ni imaginar la cantidad de cosas y de emociones que pasarían por mi cabeza y por mi estómago y para serte sincera, no quiero volver a verte.
Si es que llegas a leer esto o leerlo por completo, ya no me interesa que creas o que pienses de mí, es más, ni siquiera te molestes en contestarlo, no quisiera tener ya nada que hablar contigo. Entonces, ¿para qué te escribo? Sencillo, ¿para qué más escribiría sino para desahogarme? Desahogarme de ti una última vez, arrancar ese último pedazo tuyo que aún queda en mí. Te podría decir que me cambiaste la vida, pero no he vivido lo suficiente, y bueno, la gente no cambia; lo que cambia es el pensamiento. Cambiaste mis ideas, mis sueños y mis metas, no sé si a tu conveniencia, no me di cuenta hasta que en mi reflejo noté que no era yo. Al final resultaste una creación de mi subconsciente. Te diría cómo me ha ido, pero así como no quiero saber de ti; yo sé que no necesitas saber de mí. Léela en el tono que quieras, Dios sabe que no te guardo rencor. Y ojalá un día encuentres lo que sea que estés buscando. Insisto, ni se te ocurra responder… 




Escrita el 1° de octubre del 2012.
Charlie.

lunes, 9 de julio de 2012

Buscando un algo.


No sé exactamente que estaba buscando, pero tenía la sensación de que me iba a encontrar con algo; o con alguien. La piel se te enchina, tu ritmo cardíaco se acelera, tu estómago reacciona al clima, y haces cosas que no harías en un estado; "normal" ¿Qué hice yo? Voltear para todos lados; mirar los rostros de las personas, eso es algo que no acostumbro cuando estoy en mis cinco sentidos; mi mirada cambió, reflejando un sentimiento de desprecio hacia las demás personas, ¿desprecio? no, supongo que no soy tan cruel; quizá sólo es indiferencia, pero ese sentimiento siempre esta ahí, pero no acostumbro a demostrarlo; o eso me gusta suponer. Volviendo a mi búsqueda, veía a ese algo por todos lados, pero cuando volteaba para enfocarlo, había algo que me decía que eso no era. Y entonces, me di cuenta que esperaba voltear y encontrar un niño, sí; un niño pequeño que soñé una vez, estaba conmigo; jugando, sonriendo, esperaba encontrarlo distrayéndose con un nuevo juguete, pero nunca lo encontré, o por lo menos no hoy. Durante mi “búsqueda” me sucedió algo muy inusual. Me encontraba pérdida observando una ballena blanca, de esas que aparecen a medio día, flotando sobre el azul del cielo. Fue entonces cuando retumbó una canción en mis oídos, de esas canciones que con sólo escuchar los primeros acordes los que reaccionan no son tus tímpanos, son tus músculos faciales. Sí. Estaba sonriendo. 

domingo, 20 de mayo de 2012

La Leyenda de la Luna en la montaña.






Ese día ella decidió ir a sentarse a la orilla del lago que estaba en la cima de la montaña. Llegó, se recostó y cayó profundamente dormida, empezaba a anochecer y la Luna comenzaba a salir; fue entonces cuando la vio y quedó admirada con su belleza y frágil figura.

Ella se amaneció en frente del lago, se sentía la persona más feliz del mundo en ese lugar; su lugar favorito desde entonces. Todos los días iba a dormir a allá y todos los días la Luna la observaba, espiando sus sueños, escuchando su canto; admirando el su rostro reflejado en el lago; sin embargo, la Luna era tímida y no se atrevía a dirigir ni una sola palabra, hasta que un día se arregló, se puso más brillo de lo normal y descendió lo suficiente; ella volteó su fino rostro; sus miradas se cruzaron, y sucedió; ella se enamoró de la Luna.

A lo lejos se encontraba un hombre en su cabalgada nocturna que, distraído por el tamaño y el brillo tan peculiar de aquel día, de la Luna, miró hacia la montaña y ahí estaba, sentada a la orilla del lago, con sus piernas estiradas, apuntado hacia el horizonte, recargada sobre su mano izquierda y sosteniendo un collar con su mano diestra, ¡sí! era ella, con un brazalete de perlas en su muñeca y un dije en su tobillo; un vestido negro que resaltaba su figura y su pálida piel; un triángulo invertido le colgaba del cuello, apuntando a su discreto escote en V. Su rostro brillaba en perfección, liso, pálido, sin rastro de rasguños ni de lágrimas, ni cicatrices; tenía una nariz pequeña y fina, ojos azules, rizos de hielo que terminaban recargados en el suelo con un infinito brillo, el reflejo que provocaba la misma luna, hacía parecer que de su espalda brotaban un par de alas, ¡sí! era ella de quien la Luna estaba enamorada desde el primer momento en que la vio; igual que el hombre que iba a caballo.

Él no sabía lo que la Luna ni la doncella sentían, se le olvidó hasta su propia existencia; él sólo quería hacerla suya. Al día siguiente, mientras la Luna dormía, él fue detrás de su princesa, y mientras más lo rechazaba, insistía aún más, hasta que se armó de valor y le arrebató un beso, la doncella se alejó ahogándose en lágrimas, temiendo que su traición involuntaria fuera descubierta; la Luna estaba furiosa.

Ella dejó de ver al hombre que iba a caballo, y volvió al lugar al que correspondía, sentándose en la cima de la montaña, a los pies del lago, sólo para ver descender a su amada Luna y sentirla sobre sus pequeños y finos labios; sin embargo, esa noche, la Luna estaba inmóvil, y no bajó... Ella le preguntaba por qué, pero la Luna no le respondía, continuaba quieta. A la noche siguiente ella regresó pero la Luna seguía sin responder y así fue durante las siguientes veintiséis noches, la Luna seguía celosa.

La noche veintisiete la Luna decidió que era tiempo de perdonarla y descendió para buscarla, pero sólo encontró un cuerpo inmóvil en donde se supone, estaría la doncella esperando.
 ¡¿Quién hizo esto?! preguntó la Luna enfurecida como ella sola.
Fue ella misma, respondió el Lago, me lloró cada uno de los días que estuvo esperándote, no supo más que hacer, y se atravesó el corazón con un cuchillo, al instante cayó sobre mí, pero no pude despertarla, sólo pude ayudarle a que  la encontrarás de nuevo en ese mismo lugar, lo lamento.

La Luna quedó pasmada, no supo más que decir ni qué hacer, más que sentirse culpable y desde entonces, la Luna desciende a diario, sin embargo cada vigésima séptima noche se pone su mejor brillo y con ayuda de una estrella toca la punta de la montaña, esperando que con el destello que provoque despierte su amada.

Charlie Adler 

jueves, 17 de noviembre de 2011

Cassandra

Caminando sobre la acera, dinero en mano,
minifalda, botas altas, blusa escotada, cabello suelto,
con exceso de maquillaje; ahí va, sola, pálida, delgada,
con la mirada al suelo, con una sonrisa muy natural,
tenía marcas en sus estilizados brazos, rasguños,
uno que otro moretón y sangre seca.
¿La parte de su cuerpo mas dañada?... su corazón,
Pequeña, frágil, débil y muy hermosa, nadie tenia idea
de que en su cabeza había de todo menos tranquilidad.
Traición, deseo, culpa, pasión, decepción, frustración,
culpa, paranoia, desesperación, melancolía, culpa, tristeza,
angustia, enfermedad, locura, culpa...venganza.
Ella solo quería sentirse aceptada, sentirse amada
filialmente, pero todos tenían una mente tan cerrada,
la chica de los tacones rojos era tan despreciada y
criticada, era imposible creer que tan bello rostro
fuera tan odiado, ¡venganza!, era lo que buscaba.
No podía expresarse libremente porque a su madre
le avergonzaba ese pequeño detalle que no podía
ocultar, preferían a todos antes que a ella,
Cassandra la sucia, Cassandra la patética,
Cassandra la estúpida, Cassandra la inadaptada,
Cassandra la antisocial, Cassandra la grocera,
Cassandra la que sufre...
¿porque tenían que ser tan crueles con ella?
Aceptación era lo que pedía, pero tenían que humillarla,
tenían que limitarla, tenían que golpearla;
ella no se podía quedar cruzada de brazos; dejo de interesarse por obtener el amor de la gente que le rodeaba, así que se limitó a perseguir lo único que la mantenía con vida...
¡su felicidad!, siguió caminando sin decir una sola palabra
Sonó su teléfono, lo miró; sonrió y se limitó a contestar...
-Ya esta hecho mi vida, ahora podemos estar juntas;
¡TE AMO HELENA!

domingo, 26 de junio de 2011

Ángeles y crayones.

El Diario de Mía [anexo]

26 de junio 2012. Martes


Casi ha pasado un año de mi muerte y lo que soy ahora
jamás lo pude lograr en vida, por fin soy lo que
siempre quise, tal vez no soy un ángel;
pero la perfección ya es parte de mí, mamá ahora
está muy arrepentida y me gustaría que supiera
que la perdono. Aun no sé si morí en vano o no, 
sólo sé lo patética que fui al creer que alguien
me extrañaría, terminé exactamente como
empecé; gorda, sola, y sin una sola neurona que 
me permitiera entrar en razón a tiempo, 
de hecho aun no puedo entrar en razón,
tal vez me siento perfecta, pero estoy consiente
que tuve que morir para sentirme así, sigo enferma...
y eso tal vez nunca vaya a cambiar


-Mía Hoffman